Columna de opinión

Acerca de la solidaridad

By 18 marzo, 2020 Sin comentarios

Dra. Amanda Céspedes

Uno de los conceptos más presentes en la discusión pública en relación a los niveles de violencia social alcanzados en los últimos meses ha sido el de solidaridad. Ser solidarios con quienes habitan en las zonas cero y que no pueden huir fácilmente de la toxicidad de las bombas lacrimógenas, de los ataques con piedras, del confinamiento a que les condena la violencia desatada. Y precisamente frente a la violencia social muchos comenzaron a preguntarse ¿cómo se detiene esto? La historia ha mostrado que una solución inesperada es la aparición de un enemigo externo y poderoso que obliga a reorganizarse y a unirse, dejando de lado diferencias que parecían irreconciliables. Y he aquí que ese enemigo ha llegado, en forma de un microorganismo patógeno altamente contagioso, que no respeta clases sociales, género ni ideología, pero sí tiene preferencias muy claras: ataca con especial virulencia a los ancianos y a los portadores de enfermedades crónicas. En pocas semanas, ha resurgido la necesidad de ser solidarios, muy especialmente quienes son niños y jóvenes.

La solidaridad es un concepto humanista íntimamente ligado a la compasión, entendida esta como la sensibilidad frente a la fragilidad y/o sufrimiento ajeno y la consideración irrestricta por la dignidad de ese otro. Hay grados de solidaridad, desde la simple simpatía hasta la entrega al otro con olvido del sí mismo. Hoy día, es decir, en tiempos difíciles, la solidaridad debe ser el sustrato de la construcción y puesta en práctica de las políticas públicas y de las acciones sociales. La solidaridad es hermandad y es ayuda recíproca; es la antítesis del individualismo egoísta. Nos permite ser sujetos activos en vez de objetos pasivos a merced de los vaivenes sociales y nos refuerza la identidad personal y social. Más allá del altruismo, la solidaridad aparece como un conjunto de acciones de cooperación intencionada. Entendida así la solidaridad, es responsabilidad de los adultos inculcar en los niños y jóvenes este sentido de hermandad con otros; como en toda praxis educativa, ello se logra cuando el adulto actúa por modelo y por modelamiento. Si somos sensibles a la fragilidad de algunos frente a este enemigo llamado coronavirus, los niños lo serán también. Y con los más grandes, los adolescentes, a quienes se les ha asegurado que el virus solo les provocará un ligero resfrío, será preciso modelar la solidaridad, solicitándoles acciones concretas y recordándoles que ellos hace pocos meses marchaban llamando a respetar los derechos fundamentales (pensiones dignas, trabajo, salud) y que ha llegado el momento de ser sujetos activos en las acciones de respeto al derecho fundamental a la salud, a través de la protección a los más vulnerables frente a la pandemia.