Fomento de la salud integral

El conocimiento del cerebro en desarrollo ofrece sólidas directrices tanto a la elaboración y aplicación de políticas públicas centradas en el bienestar y salud integral de niños y adolescentes, con énfasis en grupos vulnerables y en las prácticas preventivas integrales, como a las prácticas individuales de preservación y restauración de la salud integral y a las prácticas responsables de autocuidados.

  • El modelo del cerebro humano en desarrollo ofrece una base conceptual y operacional de gran envergadura para innovar en los estrechos conceptos de salud y bienestar heredados de siglos anteriores. Ha llegado el momento de eliminar conceptos tales como “salud mental”, reemplazándolo por “salud integral”, concepto que incorpora no solo a toda la red somatopsiconeuroinmunohormonal humana, sino que se abre a aceptar la existencia de niveles moleculares químicos y niveles submoleculares energéticos al interior del organismo, los que tienen un papel protagónico tanto en la preservación de la salud integral del niño como en sus quiebres. Concebir al ser humano como una unidad viva compleja otorga a quienes son responsables de la salud un rol ético superior.

  • El modelo de cerebro en desarrollo pone al servicio de los profesionales de la salud mental infantojuvenil un sólido corpus de conocimientos que facilitan la aplicación de prácticas integrales de prevención y cuidado de la salud integral de los niños y adolescentes, con énfasis en una aproximación respetuosa, ética y humanitaria.

  • El modelo de cerebro en desarrollo ofrece una sólida plataforma a la elaboración de planes de autocuidados tanto para la población infantil y de jóvenes como para quienes son cuidadores y educadores de niños: adultos al interior de la familia; educadoras y técnicos de párvulos; docentes de aula; cuidadores de niños en instituciones del Estado y privadas, etc.

  • El modelo de cerebro humano en desarrollo sienta las bases para la innovación curricular en las carreras relacionadas con educación y salud.

El modelo de cerebro humano en desarrollo abre una amplia ventana de oportunidades a innovar en el diseño urbanístico de barrios y de ciudades, incorporando de modo activo el respeto por el derecho de los niños y jóvenes a contar con espacios naturales como recursos terapéuticos