Naturalización de la vida cotidiana

El modelo del cerebro humano en desarrollo otorga una gran relevancia a la rica información de nuestra historia evolutiva, presente en el ADN y vulnerable al impacto epigenético de las condiciones adversas de vida. Dicha información ancestral constituye una voz interior que, al modo de una brújula, señala el camino hacia una correcta evolución –correcta en el sentido de sintónica con las fuerzas evolutivas naturales– y da una voz de alerta cuando el mismo ser humano introduce una alteración en ese camino, modificando su curso e ignorando el enorme impacto epigenético adverso que ello puede implicar.

  • El modelo de cerebro humano en desarrollo muestra que el ser humano constituye una unidad viva con su casa planetaria, compartiendo no solo similar energía vital como un derecho a la vida, sino también adquiriendo el deber de cautelar el bienestar planetario, haciéndose responsable de su cuidado. Tanto el derecho a disfrutar de un planeta en bienestar como el compromiso ético de velar por ese bienestar debe ser inculcado al niño en forma temprana, pero no como palabras vacías, sino con el ejemplo. Es por tanto un deber de los adultos hacerse cargo del compromiso ético de cuidado y preservación de los entornos naturales.

  • Los entornos naturales poseen una fuerza terapéutica poderosa para los seres humanos (y para el resto de los seres vivos). Tienen el poder de desbloquear los atascos energéticos provocados por el mismo ser humano (toxicidad ambiental, daño a las fuentes de agua, deforestación, profundos desequilibrios ecológicos provocados por la destrucción indiscriminada de numerosas especies, etc.) y de ese modo restauran, reparan y sanan. En esta aseveración reside el valor inestimable que la Fundación otorga a ciertos recursos terapéuticos provenientes de las mal llamadas “terapias alternativas”, en oposición a las terapias farmacológicas. Estos recursos terapéuticos que emplean el sabio conocimiento proveniente del mundo natural son promovidos por nuestra Fundación, quien da cabida especialmente a la Terapia Floral y a la Aromacología como preservadores y restauradores de la salud integral de los niños y de sus educadores.

  • La mayoría de las personas ignora el poder enriquecedor integral y el beneficio terapéutico que provee la naturaleza viva a los niños, confinándolos en barrios y ciudades de cemento. El conocimiento aportado por el modelo de cerebro humano en desarrollo posee la capacidad de despertar la consciencia ética en quienes tienen la responsabilidad de diseñar urbanísticamente los barrios y las ciudades. Ser “verde” no es una moda; es compromiso ético con la vida planetaria, profundo respeto hacia los niños y actitud reverencial hacia una Fuerza Inteligente de creación (espiritualidad).

  • Los niños son cachorros de la especie humana. En su ADN está escrita la sabiduría ancestral de actividades innatas que promueven el desarrollo de todas las potencialidades de la especie, las enriquecen y las potencian. Entre tales actividades destacan el juego, la imaginación, el movimiento, lo rítmico melódico, la expresión artística y la creatividad. Todas ellas se despliegan ampliamente cuando el niño tiene la oportunidad de crecer en ambientes naturales. Este derecho fundamental de los niños está siendo conculcado gravemente por la presencia creciente de la tecnología digital como falso recurso lúdico. Las pantallas de Ipad, Tablet, teléfonos celulares en manos de niños desde antes de cumplir 1 año de edad están aniquilando en ellos las actividades innatas antes mencionadas y los están dañando gravemente en su desarrollo, en su salud y en su derecho a una vida plena. Este daño progresivo e implacable solo puede ser aminorado devolviendo a los niños el derecho a la naturalización de su vida cotidiana.

  • La naturaleza viva incluye al mundo animal. Los animales poseen un inestimable valor tanto como seres que contribuyen al bienestar integral de niños y adultos como por aportar un valor docente y un valor terapéutico. Tanto los animales domésticos como los de granja y los que viven en estado salvaje proporcionan a los niños inestimables lecciones de sabiduría. Aquellos animales que acompañan a los niños en su hogar les enseñan el valor superior de la empatía, de la bondad, de la responsabilidad por el bienestar del otro, del consuelo y de la ternura, además de mostrarles de manera directa la maravilla de la procreación, de los cuidados parentales, de la amistad y del amor incondicional. Los animales de granja muestran a los niños el valor del cooperativismo y de la entrega generosa de su propia vida en beneficio de otros. Los animales de compañía y de granja ejercen un potente efecto sanador para niños que sufren desórdenes emocionales, discapacidades sensoriales, motoras, intelectuales, etc.

  • La naturaleza viva está conformada por una multiplicidad de seres que interactúan entre sí, configurando comunidades complejas que se nutren a sí mismas para preservar su vida y de ese modo servir a otras comunidades. La naturaleza viva es la más potente lección de cooperativismo para los seres humanos, pero es una lección olvidada y omitida. El modelo de cerebro humano en desarrollo ha llegado para recordarnos esta lección.

  • El legado ancestral escrito en nuestro ADN está en peligro de destrucción, y solo quienes hoy son niños pueden evitar que esto ocurra. Sin embargo, el potencial de sabiduría al interior de cada niño requiere de acompañantes que lo activen, y estos acompañantes se denominan educadores. Cuando un educador posee lucidez consciente, y esa luz proviene de la consciencia planetaria, puede contribuir hoy a la acción decidida de los niños mañana.

El modelo del cerebro humano en desarrollo tiene una mirada integradora y respetuosa del legado ancestral que mantiene viva nuestra sabiduría.