Pierina Zanocco, con tanto que entregar todavía, decidiste marcharte

En el Día del Profesor, en vez de celebrar estamos llamados todos a llorar a una ausente. A una gran maestra que, como tantos que abrazan el magisterio con pasión, se ha ido llevando consigo su soledad y la pena de un despido reciente. Se ha ido Pierina Zanocco, brillante docente universitaria, investigadora incansable y colega cercana y fiel. Pierina tenía muchos planes con nuestra Fundación, que echaríamos a andar cuando tuviésemos el indispensable financiamiento. “No me olviden”, nos pedía. ¡Cómo olvidarla, cómo olvidar su pasión por enseñar, su fascinación por las matemáticas, su fe en los niños! Estamos desoladas, hubiésemos querido estar con ella y animarla a recuperar su salud para seguir soñando con nosotras, que la queríamos y admirábamos tanto. Desoladas porque intuíamos su pena, tan admirada y, no obstante, tan sola. Tan olvidada. Ya se ha ido, pero seguirá presente porque para nuestra Fundación Pierina y su legado son perennes. Abrigamos la esperanza en que las instituciones a las cuales sirvió con total entrega le otorguen el necesario reconocimiento, para que Pierina, desde alguna dimensión lejana, sonría con renovada fe y esté segura que, aunque tarde, Chile sabe reconocer la tremenda labor de los docentes y repara, aunque tardíamente, esa soterrada vulneración a que son sometidos día a día…

La Fundación les invita a fascinarse con el pensamiento de esta querida e inolvidable amiga: 

¡Así de fácil!
Enseñar a resolver un problema no debe ser un problema